La
lucha por nuestros derechos
Los derechos son la plataforma básica que regula nuestras vidas,
así que, a por ellos, que nos pertenecen. El colectivo de mujeres
estamos a merced de ellos, ya sea por existencia o por omisión,
somos lo que somos mediante los derechos, tal es su importancia.
Los derechos humanos se enmarcan en el principio fundacional de no
discriminación y afirmación de la dignidad y valor correspondientes
a cada ser humano, no obstante, desde un principio estos conceptos
se concibieron desde una perspectiva masculina. Prueba de ello es
la evolución histórica de los derechos.
Si en EE.UU. la Declaración de los Derechos de Virginia se
firmó en 1776 y en Francia la Declaración de los Derechos
del Hombre y del Ciudadano se recogió en 1789, ambos documentos
dejaban claro que las mujeres quedaban excluidas de esos derechos
fundamentales. Hubo que esperar hasta 1791 para que llegara la Declaración
de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía, expuesta por
Olympe de Gouges, integrante del grupo feminista francés.
Uno de los primeros avances en materia legislativa a favor de las
mujeres fue la Convención de la Haya en 1902 que adoptó
medidas internacionales acerca del matrimonio, el divorcio y la tutela
de menores.
Por su parte, las mujeres crearon la Comisión Interamericana
de Mujeres dentro de la Organización de Estados Americanos
(OEA) en 1928, con el fin de luchar contra la discriminación
por sexo.
A pesar de los logros anteriores, el primer texto jurídico
que hacía referencia exclusiva a los derechos de la mujer no
llegó hasta 1952. Era la Convención sobre los Derechos
Políticos de la Mujer que fue aprobada en la ONU. Se afirmaba
que las mujeres tenían derecho al voto en las mismas condiciones
que los hombres, que podían ocupar cargos públicos y
ejercer funciones públicas según la ley nacional.
La Convención de 1957 dejó estipulado que la celebración
o nulidad del matrimonio, entre nacionales o extranjeros, no podían
afectar a la nacionalidad de la esposa, así como tampoco el
cambio de nacionalidad del marido podría tener repercusiones.
Unos años más tarde, en 1962, se firmaba la Convención
sobre las condiciones para contraer matrimonio, tales como la edad
mínima y el registro de nupcias.
Por fin, en 1967 nacía la Declaración sobre la eliminación
de la discriminación contra la mujer, que fue recogida y ampliada
en la Convención sobre todas las formas de discriminación
contra la mujer y que entró en vigor en 1981.
El Año Internacional de la Mujer, 1975, significó para
todas las mujeres un reconocimiento de Naciones Unidas al declarar
el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Casi diez
años después la Segunda Conferencia Mundial de Derechos
Humanos (1993) reconoció explícitamente los derechos
de las mujeres como derechos humanos.
Durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, en 1995, la
Plataforma de Acción de Beijing dejó asentado que los
derechos humanos de todas las mujeres y niñas deben formar
parte esencial de las actividades de derechos humanos de las Naciones
Unidas.
Han sido necesarios muchos años para avanzar y, a pesar de
los progresos, todavía es necesaria una concienciación
sobre los derechos específicos de las mujeres que nos permita
participar de manera activa en la creación de los nuevos derechos.

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