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Mujeres
afganas. Ahora ¿qué?
La situación actual de las afganas ha dejado
de ser noticia. Finalizada la guerra entre los talibanes y EE.UU.,
parece que los medios han perdido el interés por informar
sobre estas mujeres. Es probable que juzguen poco importante dar
a conocer la realidad de unas mujeres que representan el 50% de
la población pero que no disponen de voz ni de voto en su
país.
Hoy las mujeres afganas deben hacer frente a la
situación de pobreza general que asola Afganistán
tras 25 años en guerra. Primero fue la invasión de
las tropas soviéticas, luego los integristas se alzaron con
el poder, y más tarde fueron los talibanes quienes ocuparon
el gobierno afgano.
Una de las consecuencias de tantos años
de devastación es el alto índice de población
analfabeta en el país. Su principal fuente de riqueza es
la agricultura y el pastoreo, una actividad muy inestable si se
tiene en cuenta que la guerra ha dejado tras de sí campos
arrasados y zonas plagadas de bombas. No es de extrañar que
Afganistán se haya convertido en el país con mayor
número de refugiados desplazados, la mayoría de ellos
a Pakistán.
De todo ello, las mujeres se llevan la peor parte.
Ya en su día sufrieron una de las más terribles campañas
de segregación, llevada a cabo por el régimen talibán.
Los talibanes impusieron a todas las mujeres la denominada burka,
o túnica de tela que oculta totalmente el cuerpo, con una
rejilla a la altura de los ojos para poder ver. Hasta entonces
esta prenda sólo vestía a algunas mujeres de zonas
rurales, pero con la llegada de los talibanes, se convirtió
en una obligación para todas las afganas. El uso de la burka
fue uno más de todos los sometimientos que sufrió
la mujer, ya que en nombre de una religión totalmente fundamentalista
las afganas fueron desplazadas de sus puestos
de trabajo para pasar a ser recluidas en las casas. Se les prohibió
asistir a la escuela, así como salir a la calle, a menos
que fueran acompañadas de un hombre de su familia. También
se les negó asistencia médica si no iban acompañadas
de un pariente masculino, entre otras atrocidades.
Tras el derrocamiento del régimen talibán
por parte de EE.UU., las fuerzas de la Alianza del Norte se han
instalado en el poder. Este nuevo gobierno no ha supuesto una liberación
para la mujer afgana porque los dirigentes
de la Alianza del Norte estuvieron a la cabeza del país entre
1992 y 1997 y ya entonces demostraron su odio hacia las mujeres.
Se llevaron a cabo toda clase de barbaridades, desde ejecuciones
hasta violaciones.
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