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Mujer
y poder ¿misión imposible?
Hasta ahora la relación
que las mujeres venimos manteniendo con el poder sigue siendo una
relación difícil. A pesar de que tenemos reconocidos
la mayoría de nuestros derechos como seres humanos y como
ciudadanas, el acceso a los cargos de poder es todavía hoy
nuestra asignatura pendiente.
Si la incorporación
de la mujer al mundo laboral ha sido relativamente rápida,
la participación femenina en los niveles de adopción
de decisiones no está evolucionando al mismo ritmo. Y todo
esto ocurre a pesar de que, en formación, hace años
que las mujeres hemos ingresado en la universidad, alcanzando ya
en muchas carreras una cuota superior a la masculina.
¿Por qué
entonces la intervención de la mujer es mucho menor que la
del hombre en cualquiera de los ámbitos de la sociedad, sea
éste político, económico, social o laboral?.
Una de las principales trabas es la tradición histórica
que arrastramos, la incorporación a los puestos de liderazgo
nos ha llegado tardíamente y eso ha generado un retraso al
que debemos enfrentarnos.
Si en un principio las
pocas las mujeres que accedieron a un cargo de responsabilidad adoptaron
estereotipos masculinos, hoy por hoy la mujer sabe reconocer que
existe una manera "femenina" de mandar. Se ha abandonado
para siempre esa connotación peyorativa que hasta ahora se
le daba a todo lo impregnado de "sello femenino" en el
ámbito laboral.
La mujer tiene una forma
de liderar y de organizar un equipo de trabajo diferente a la del
hombre, ni mejor ni peor que los usos masculinos, pero igualmente
efectivo y competente.
Así, las mujeres líderes suelen actuar en las estructuras
de poder según las siguientes pautas:
- Voluntad.
Las mujeres muestran gran capacidad de voluntad a la hora de desempeñar
un cargo de poder. La perspectiva histórica nos ha mostrado
cuán difícil nos ha resultado alcanzarlo y por eso
sabemos valorarlo.
- Planificación del tiempo.
Sabemos distribuir nuestro tiempo porque conocemos el valor que
tienen las horas que dedicamos al entorno personal y familiar.
- Motivación del equipo de
trabajo. Está comprobado
que la mujer está más cualificada que el hombre
para situarse en lugar de los demás, es decir, dispone
de mayor capacidad de empatía. Esto nos permite conocer
mejor a nuestro equipo y, por tanto, sabemos motivarlo y dirigirlo.
- Participación del equipo.
A la hora de tomar decisiones las
mujeres suelen consultar la opinión de las personas de
su entorno, luego deciden. Una vez más, nuestra aptitud
para escuchar nos favorece.
- Ahorro de costes. La
mayoría de mujeres en puestos de toma de decisiones saben
ahorrar. En muchos casos el ahorro de costes favorece la consecución
de objetivos.
Pero no se trata de reconocer sólo que
las mujeres disponemos de un modelo diferente a la hora de mandar.
Se necesitan soluciones factibles para distribuir el poder actual
y para ello toda la sociedad debe adoptar medidas efectivas acordes
con la realidad de las mujeres. La Plataforma de Acción de
Beijing en su día ya trabajó para la participación
igualitaria de la mujer en la sociedad con algunas propuestas:
- reconocimiento de la
diferencia de género
- programas de formación para promover
el liderazgo de las mujeres
- reparto equitativo entre mujeres y hombres
de la responsabilidad familiar
- adopción entre ambos géneros
de relaciones sociales de cooperación y no de dominación
- programas de conciliación entre el
ámbito familiar y el laboral
- recursos financieros y humanos efectivos para
aumentar la participación de la mujer en las esferas de
poder
En definitiva, la sociedad debe tomar conciencia
de que sin la intervención plena de la mujer en todos los
apartados de la vida social, política, judicial y económica
no se puede hablar de una democracia real.

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